El Tanatorio

Tanatorio Santillana del Mar

Santillana del Mar (Cantabria)

TANATORIO SANTILLANA DEL MAR

 

Contexto 

El proyecto surge del encargo de Funeraria La Montañesa para la creación de un nuevo tanatorio en una ubicación estratégica de Cantabria: en el municipio de Santillana del Mar, situado bajo el entorno de influencia del Hospital de Sierrallana (Torrelavega).

Más allá de responder a un programa de necesidades funcional sumamente exigente, el briefing planteaba un reto ambicioso: diseñar un edificio singular y de referencia dentro del ámbito de la arquitectura funeraria. El objetivo era alejarse de los códigos convencionales de este tipo de espacios —a menudo percibidos como asépticos, fríos u oscuros— para proyectar un lugar icónico que, a través de su arquitectura, ofreciera un refugio de serenidad, recogimiento y dignidad para las familias.

 

Emplazamiento y orientación: El diálogo con el paisaje

El edificio se asienta sobre una ladera verde, un prado típicamente cántabro con una marcada topografía y orientado hacia el noroeste. Esta ubicación planteaba un doble reto de diseño:

– Por un lado, la voluntad de respetar el entorno natural y volcar las estancias hacia las amplias e inspiradoras vistas del prado cántabro (hacia el noroeste).

– Por otro, la necesidad arquitectónica de dotar a los espacios de una iluminación natural óptima, cálida y reconfortante, cuya fuente idónea (el sol de sur) se encontraba en la dirección opuesta a las vistas.

Dada la tipología del edificio, el objetivo prioritario era generar un espacio lo más agradable, luminoso y acogedor posible dentro de las circunstancias del duelo. Para resolver este conflicto de orientación sin sacrificar la conexión visual con el prado, el proyecto renuncia a las soluciones de fachada convencionales y propone una estrategia de captación lumínica interior que se convierte en el corazón del proyecto.

 

Lenguaje formal y materialidad: El arco y el ladrillo.

Frente a las tendencias abstractas o excesivamente vanguardistas, Zooco Estudio opta por un lenguaje formal clásico. El objetivo es dotar al edificio de un carácter universal, atemporal y profundamente representativo; una arquitectura sólida con la que cualquier persona pueda sentirse cómoda, arropada y en calma en un momento de vulnerabilidad.

La forma conductora del edificio es el arco, elemento que estructura el ritmo y la secuencia espacial del conjunto. Esta geometría clásica se materializa en un único componente protagonista: el ladrillo. Para este proyecto se ha escogido un ladrillo en tono blanco roto casi crema, una elección clave para aportar una inmensa calidez, textura y luminosidad a todo el conjunto, contrastando de manera suave y armónica con el verde intenso del prado exterior. 

En la fachada principal, esta lógica estructural se hace evidente al exterior: la sucesión de pórticos internos se manifiesta como una consecución de pilastras de ladrillo que emergen directamente de la hierba del prado ahondado en esa aspiración de arquitectura clásica.

A nivel material se completa, con un volumen de madera de roble y un suelo con carácter pétreo similar a la caliza.

 

Organización espacial y recorrido

El espacio interior se vertebra de forma clara y fluida mediante una sugerente sucesión de pórticos. Al adentrarse en el edificio, el usuario experimenta un recorrido rítmico atravesando los arcos de ladrillo, donde el programa se distribuye de manera orgánica a ambos lados:

– A la Derecha (Orientación Noroeste), conexión visual constante con el paisaje natural de Cantabria y antesalas.

               – A la Izquierda (Orientación Sur / Interior), consecutivamente espacio exterior cubierto planteado como zona protegida de reunión y encuentro para las familias; área de administración y atención al usuario; bloque de salas de vela: Una sucesión de 4 salas dispuestas de manera simétrica (2 a 2).

 

Los patios circulares: Las lámparas de pavés

El elemento más impresionante y singular del proyecto lo constituyen los dos patios circulares alrededor de los cuales se articulan las cuatro salas de vela. Concebido casi en una doble altura, el edificio aprovecha esta escala para transformar los patios en elementos tectónicos y lumínicos monumentales: grandes cilindros de pavés (bloques de vidrio).

Estos cilindros actúan como mecanismos de iluminación arquitectónica con una doble función:

  • Luz Sur para la privacidad: Captan la luz del mediodía y la introducen de manera vertical y difusa directamente hacia las salas privadas de vela, garantizando un ambiente luminoso sin comprometer la intimidad de las familias.
  • Lámparas urbanas interiores: Al refractar y esparcir la luz, estos cilindros de pavés funcionan estéticamente como dos colosales lámparas exentas que iluminan con sutileza todo el recorrido de la sucesión de arcos y las antesalas de la derecha.

 

La cubierta verde

Un condicionante fundamental del emplazamiento es su situación topográfica: el edificio se localiza físicamente justo debajo de una de las zonas de aparcamiento del Hospital de Sierrallana. Al ser plenamente visible desde una cota superior por los usuarios y pacientes del centro hospitalario, prestamos especial atención al diseño de la cubierta, tratándola conceptualmente como una verdadera ‘quinta fachada’. Para mitigar el impacto visual y armonizar la pieza con el entorno, se ha proyectado una cubierta verde vegetal. Esta solución permite que el edificio se mimetice dentro de sus posibilidades con la continuidad del prado natural, garantizando que la perspectiva desde el hospital sea lo más agradable y orgánica posible.

Fotografía: David Zarzoso