La Maruca de Azca

La Maruca de Azca

Madrid

La Maruca de Azca


En el epicentro de Azca, donde la geometría del vidrio y el acero dicta el ritmo de la ciudad, La Maruca se manifiesta como un contrapunto necesario: un refugio de montaña que ofrece silencio visual y calidez doméstica. Si en proyectos anteriores la mirada se dirigía al mar, aquí el espacio se repliega hacia el interior para crear un oasis, una cabaña contemporánea ubicada en el corazón financiero de Madrid.

El proyecto se aleja de la ortogonalidad circundante mediante un lenguaje de formas orgánicas que lo inunda todo. Nada más entrar, el visitante es acogido por una quinta fachada esculpida: mediante un proceso de tallado, se da forma al plano superior y los soportes del espacio, ubicando los diferentes espacios y programas bajo ellos. Estos techos generan una sensación de cobijo, fundiéndose con columnas que pierden sus aristas para convertirse en troncos revestidos de morteros naturales.

La nobleza de la madera de roble recorre el espacio, aportando una calidez que dialoga con la piedra caliza y una espectacular barra esculpida en mármol. Esta pieza central, de trazos curvos y potentes, se erige como un altar que comparte el mismo carácter orgánico que el resto del mobiliario, diseñado íntegramente bajo esta premisa de fluidez y confort.

En las paredes, el refugio se abre hacia el origen: grandes imágenes paisajísticas de los Picos de Europa. Estas imágenes de paisajes cántabros no son simples adornos, sino que refuerzan la analogía del refugio, transportando al comensal fuera de la urbe. Esta envolvente se completa con un perímetro textil que, como una piel suave, abraza el local y termina de construir esa atmósfera íntima y privada.

Como es seña de identidad en la casa, la cocina vista permanece como el hogar encendido, el fuego central del refugio donde la sinceridad del acero inoxidable ejerce de protagonista absoluto. En definitiva, La Maruca de Azca es un ejercicio de arquitectura sensorial que demuestra que, incluso bajo la sombra de los grandes rascacielos, es posible encontrar un lugar que se siente, por encima de todo, como un hogar.

 

Fotografía: David Zarzoso